domingo, 29 de octubre de 2017

Paraty


Paraty, el encanto colonial

Es una de las pocas ciudades brasileñas que aún conserva intacto el patrimonio colonial que dejaron allí los portugueses durante el tiempo de reinado del Emperador Don Pedro I.

Esta ciudad fue fundada y poblada entre 1553 y 1560, bajo el nombre de Vila da Nossa Señora dos Remedios, como ciudad vinculada al comercio del oro y del café.

Las calles empedradas, que no adoquinadas, del casco antiguo están dispuestas en damero (cuadrícula regular), donde está prohibido el paso de cualquier tipo de vehículo motorizado. Estas calles están situadas a un nivel inferior del que alcanzan las mareas en la pleamar, de manera que cuando el agua del mar alcanzaba su mayor nivel, esta inundaba las calles limpiándolas de residuos que eran arrastrados hacia el mar cuando la marea bajaba.

Actualmente las entradas del agua del mar están cerradas de manera que impide que estas inunden las calles como antiguamente. La limpieza se hace como en cualquier ciudad del mundo con los medios adecuados.

A pesar de haber vivido en ese país durante diecisiete años, conocí esa ciudad en un viaje de vacaciones que hice, años después, con mi familia desde España allá por el año 2007.

Veníamos haciendo una ruta por el Estado de Minas Gerais; habíamos visitado las ciudades de San Lorenzo y Caxambú, balnearios de aguas termales y curativas que por esas latitudes proliferan, cuando decidimos, por acortar camino, atravesar el parque natural de la Sierra da Bocaina bajando hasta el litoral carioca del Estado de Rio de Janeiro.

Lo que no sabíamos es que aquella carretera estaba prácticamente intransitable y mucho más después de algunos días de lluvias torrenciales como los que habían sucedidos algunos días antes de nuestro paso por allí.

El deterioro de la calzada nos cogió de sorpresa ya que algún malintencionado o desconocedor de su mal estado, nos asegurara que el camino era el idóneo para hacer la travesía más corta hasta la playa.

Un cartel situado a la entrada del desvío que nos sacaría de la estrada nacional avisando de la precariedad del pavimento, no fue suficiente para que nos diera tiempo a reaccionar y volver.

En un santiamén nos vimos descendiendo por una brusca pendiente, donde resaltaban las grandes piedras que brillaban por el agua y el barro que las cubría y donde el asfalto brillaba por su ausencia. La carretera estrecha nos impedía maniobrar el vehículo para retornar y el fuerte repecho que tendríamos que arremeter nos parecía imposible de salvar sin que el vehículo derrapara con el consiguiente peligro de despeñarnos ya que el camino carecía por completo de quita miedo o de alguna protección.

Así que nos encomendamos a Dios y a nuestra buena suerte y decidimos continuar el camino. La bajada por aquella sierra resultó super emocionante y no exenta, en algunos momentos, de temor cuando entonces decidí bajarme del coche y caminar delante del mismo orientando a mi hijo, que lo conducía, indicándole el sitio más conveniente para pasar sorteando las gruesas piedras que golpeaban en los bajos del vehículo con el riesgo inminente de que se produjera la rotura del cárter, decidiendo en el momento si era preferible “escalar” alguna de aquellas piedras o arriesgar metiéndonos en algún boquete.

Tampoco fue fácil salvar los cráteres que la lluvia había provocado en el camino; en muchas ocasiones alguna de las ruedas resbalaba de encima de las piedras y caía bruscamente en un hoyo.

En una de estas sacudidas sucedió aquello que no deseábamos, un pinchazo inoportuno nos obligó a detener la marcha y realizar el cambio de neumático en las peores condiciones posibles.

La irregularidad del camino hacía difícil encontrar un sitio llano donde colocar el gato para levantar el coche.

Estando realizando esa maniobra de cambio del neumático, un vehículo todo terreno perteneciente al Parque Natural subía la sierra en trabajos de inspección del estado de la carretera. Los ocupantes nos informaron que algunos kilómetros más adelante la carretera mejoraba considerablemente. Noticia que nos animó a seguir adelante con la aventura.

Llegamos a Paraty con el vehículo lleno de barro hasta el techo y con los cristales sucios hasta el punto de tener la visión de la carretera muy disminuida. La hora era intempestiva y los restaurantes ya habían cerrado sus cocinas, así que tuvimos que conformarnos con comer una hamburguesa en uno de esos locales tan conocidos que las venden y que proliferan por todas las ciudades del mundo.

Una vez que hubimos aplacado el hambre buscamos una posada donde pernoctar los días que teníamos previsto quedarnos en aquella ciudad.  Encontramos una próxima al núcleo urbano histórico, donde en esa calle era posible circular con el coche y donde pudimos aparcar el vehículo para bajar nuestros equipajes.

La posada tenía un nombre poco original: “El coco verde” pero estaba bien equipada de servicios.

Las habitaciones eran amplias, las camas limpias y confortables y el baño bien provisto de todos los servicios adecuados, y el desayuno que servían era de calidad y abundante.

Aquel día madrugamos con la intención de hacer un paseo en barco por la bahía de Paraty repleta de pequeñas islas. Concretamente son más de cincuenta.

Durante la travesía pudimos ver, saltando del agua, cantidad de peces voladores y delfines que nadaban junto al barco acompañándolo en su singladura.

También durante el trayecto, sentados cómodamente en la cubierta del buque y protegidos del sol por un extenso toldo, pudimos saborear algunas caipiriñas y aperitivos que nos sirvieron.

Por el camino pasamos muy cerca de algunos islotes en los que había construidas lujosas mansiones. Nos informaron que dichas construcciones eran de propiedad particular y que sus dueños tenían alquilado al estamento competente, por un tiempo limitado, dicho islote.

Al cabo de una hora de navegación avistamos la isla que iríamos a visitar. El buque se aproximó lentamente y fondeó echando el ancla cerca de la playa.

El barco, tipo velero (allí le llaman escuna),  permaneció anclado durante un largo tiempo mientras nosotros pudimos saltar al mar para bucear y hacernos fotos submarinas rodeados de los peces que previamente habían sido atraídos por el pan desmenuzado que los tripulantes arrojaban desde el barco.

Después de este fantástico chapuzón, los que quisimos acercarnos a la playa, lo hicimos montados en una lancha zodiak que el barco llevaba acoplada y que estaba disponible para uso de los excursionistas.

La operación de saltar desde el barco a la lancha, resultó un poco complicada ya que era difícil de realizar debido al movimiento de ambas embarcaciones y la posibilidad de caernos al agua en él intento. El principal temor no era caernos al agua, cosa que ya habíamos hecho antes, sino caer con las cámaras de video o fotográficas que llevábamos a cuestas con la intención de tener un recuerdo de aquel fantástico lugar.  

El paseo por aquella playa desierta fue una auténtica delicia. Cangrejos de color rubio se camuflaban con el color de la arena que crujía a nuestro paso. Estos crustáceos haciendo hoyos en la arena se escondían rápidamente de nuestra presencia.

De vuelta al velero, nos sirvieron una comida excelente a base de pescado bien condimentado acompañado de fresca cerveza; después unos postres excelentes dieron colofón a una comida diferente en un medio natural tan exuberante donde la frondosa vegetación de varias tonalidades verdes, tan próxima a la playa, nos causaba una sensación de paz indescriptible.

Po la tarde realizamos una incursión en otra de las islas situada dentro del recorrido turístico, pero ya sin tanta emoción como la que sentimos en la primera parada.

De regreso a Paraty, pudimos disfrutar de una bonita puesta de sol ya próximo a los embarcaderos de la ciudad.

De vuelta a la posada, un baño reparador nos devolvió la fuerza necesaria para enfrentar una apacible velada con cena amenizada con música autóctona en el restaurante “Casa do fogo”. Después unas copas en “Margarida Café” completaron aquella bonita noche tropical a la vera del mar.

Los días siguientes los dedicamos a recorrer y visitar lo que allí hay de interés cultural: la Iglesia de Santa Rita de 1722 o la de la Señora de los Remedios, reconstruida en 1873. El Museo de Arte Sacro o las ruinas del fuerte Defensor Perpetuo.  

Visitamos también como curiosidad típica varias destilerías de aguardiente, y sus alambiques. Actividad esta que viene desarrollándose desde el año 1600, debido al cultivo de la caña de azúcar que junto con el café eran los recursos agrícolas.

Recorriendo sus calles y fotografiando sus coloridas casas típicas donde pueden apreciarse en sus fachadas símbolos masónicos, transcurrió la tarde del último día que allí estuvimos. Y como no, aprovechamos para comprar algunas botellas de “cachaça” de alambique, tan buena al paladar como el mejor Wyski escocés.

El regreso hasta la ciudad de Sao Paulo, lo hicimos por la carretera antigua que bordea todo el litoral en vez de coger la autovía denominada “Via Dutra” que une las ciudades de Rio de Janeiro y Sao Paulo, por donde discurre el tráfico rodado de miles de camiones que unos tras otros al anochecer invaden los carriles de dicha autovía resultando casi imposible maniobrar para acceder al carril derecho, obligándote a circular constantemente por el carril izquierdo a la máxima velocidad posible ya que el vehículo que te precede te pisa literalmente los talones.

La conducción en dichas condiciones se hace agobiante y conlleva a un punto de atención y concentración que es difícil de mantener durante al menos cinco horas que el tiempo que se tarda en alcanzar las dos ciudades más importante de Brasil.

Debido a esos inconvenientes optamos por circular por la carretera antigua donde la panorámica de la costa es maravillosa.

En contrapartida dicha carretera cruza muchos pueblos y localidades turísticas, lo que condiciona el límite de velocidad al circular por sus calles, añadido al inconveniente de los resaltos colocados en la carretera a la entrada de cada pueblo, que obligan a reducir la marcha hasta los treinta kilómetros por hora, so pena de dejar en la carretera los amortiguadores del coche hecho polvo.

De esta manera pudimos volver a ver poblaciones ya conocidas por nosotros como Guarujá; Sao Sebastián o Ubatuba, ciudades estas ya ubicadas en el litoral del Estado de Sao Paulo.

En ese trayecto de trecientos treinta kilómetros, no podíamos dejar de visitar a nuestra sobrina Katia que vive en la ciudad costera de Bertioga. 

Volver a transitar por aquellas calles sin asfaltar, rodando por encima de arena de playa nos hizo retroceder a nuestra estancia por aquellos lares treinta años atrás cuando íbamos a acampar a la playa de Periqué.

El recorrido nos llevó hasta la ciudad portuaria de Santos en el litoral paulista después de una travesía, con el coche incluido, a bordo de un ferry, donde disfrutamos junto con nuestros primos de la extraordinaria “Playa Grande” y de sus restaurantes y chiringuitos diseminados a lo largo de sus quince kilómetros de aguas increíblemente transparentes, y que tantos y bonitos recuerdos nos traía de los años vividos en aquel país.

Y así culminaron aquellos días de vacaciones, por tierras del Estado de Minas Gerais; de Rio de Janeiro y de Sao Paulo, antes de seguir el viaje con destino a las cataratas de Iguaçú. Pero esa es otra historia que contaré otro día.      
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miércoles, 28 de junio de 2017


La vida desconocida y esperpéntica de Blancanieves y sus descendientes.   (12/05/15)

Hace más de cuatrocientos años que nacieron Blancanieves, el Príncipe Fernando y los siete enanitos. Personajes estos, amables y carismáticos que han mantenido embelesados a muchas generaciones de niños de todo el mundo. Aún permanecen vivos en  la actualidad al tratarse de seres inmortales, que además nunca envejecen. No sucedió lo mismo con la madrastra que murió cuando saltó al vacio intentando escapar de los siete enanitos que la perseguían para vengar la muerte, por suerte temporal, de Blancanieves. Así que la historia de estos  personajes, aunque secretamente, ha continuado en el tiempo.

Después de intensas investigaciones y contactos con magos y adivinos como Rappel, Sandro Rey o Aramís Fuster, he conseguido averiguar que siempre han celebrado todos y cada uno de los aniversarios de su casamiento. 

…Aún recuerdan en París la fastuosa boda oficiada por el Cardenal Richelieu. Y si en el primer casamiento estuvieron presentes los enanitos del cuento cantando lindas canciones durante la ceremonia y portando las arras y los anillos en valiosísimas bandejas de oro y zafiros; en las siguientes que se celebraron en Londres, Roma, Moscú, Holanda y un largo etcétera, asistieron todos los representantes de la nobleza europea.

Después de esto, los enanitos fueron despedidos por el Príncipe sin ningún tipo de indemnización económica, gracias a las reformas laborales que este había implantado en su país. Estos se vieron obligados a enrolarse en el Cirque du  Soleil formando parte, como jugadores, de un futbolín gigante.

El contacto y el trato  de la pareja con tantas Altezas Reales les fue cambiando el carácter poco a poco, tornándolos frívolos, altivos, soberbios y prepotentes.

En las boda de plata de Blancanieves con el Príncipe, la madrina fue Caperucita Roja, ya que aunque mucha gente no lo sabe, ellas se habían conocido con ocasión de la coronación del rey  Carlos XI de Suecia, donde trabaron una solida amistad; llegando incluso a compartir una barbacoa hecha con las patas del lobo asadas a la brasa; esto después que el cazador de la historia lo matara para tranquilidad de todos los habitantes que poblaban los bosques del país de irás y no volverás.

Como sabemos, la celebración de una boda cada veinticinco años lleva aparejado el nombre de un metal valioso, así que las siguientes fueron las de oro, las de diamantes, de platino, rodio, osmio, etcétera...

En otra ocasión mientras vivían en Francia les estalló la Revolución y a punto estuvieron de morir guillotinados, menos mal que les ayudó el Doctor Manet  a escapar milagrosamente de semejante horror. 

De Moscú tuvieron que salir huyendo cuando allí estaban viviendo majestuosamente al lado del Zar. Los revolucionarios bolcheviques los persiguieron hasta la frontera con Hungría; pero ellos gracias a sobornos consiguieron escapar milagrosamente cabalgando en un “kibitka”. 

Con Hitler no tuvieron ningún problema pues el Príncipe al ser alto, guapo y rubio parecía un joven ario, aunque para no tener problemas de ningún tipo con el régimen, ni levantar la mínima sospecha, se alistó en la SS.

Aunque nunca estuvo en el frente de batalla trabajó para el gobierno como contable, controlando los bienes y valores requisados a los judíos, donde de vez en cuando aprovechando un descuido del vigilante, alguna joya se le pegaba a los dedos. Cierto día distraídamente se metió en el bolsillo el diamante Orlov en vez de meterlo en la caja fuerte y es que este Príncipe cuando joven era bastante distraído.

Hubo una época, próxima a una de sus muchas “lunas de miel”,  que estuvieron viviendo en Puerto Rico, (Por la canción de Gloria Laso que en aquellos años estaba de moda y sonaba en todas las radios del planeta).

Cuando celebraron las bodas de Iridio, hace de esto apenas veinte años, entre otros muchos personajes ilustres asistieron los duques de Palma, la hija de Aznar, y toda la camarilla de la trama Gürtel que obsequiaron a los contrayentes con lindos y costosísimos regalos: una limusina kilométrica; una lujosa mansión en la Costa Brava y una cuenta en el BHF-BANK Suizo que le abrió personalmente el señor Bárcenas, más conocido por sus correligionarios como “el cabrón”. Todo esto fue posible gracias a que el apuesto Príncipe les había estado concediendo durante muchos años todas las obras faraónicas que se construyeron en los territorios de su Principado y la concesión de todas sus autopistas de peaje. De aeropuertos no cabe aquí hablar ya que no han construido ninguno; pues es sabido que las brujas viajan en escoba y los  magos orientales lo hacen en alfombras voladoras. 

Después de esto, Blancanieves viajó a Cataluña para disfrutar de su nuevo hogar donde conoció al “President” Pujol que le enseñó a blanquear el dinero negro de las comisiones y abrir cuentas en todos los paraísos fiscales con sede en el Océano Pacífico.

Como el matrimonio no tenía otra cosa que hacer y con el dineral que poseían se dedicaron a la cría de “agüilis” “guanaminos” y “alacranes albinos” que les reportaron enormes beneficios económicos.

Parece ser que al matrimonio no le gustaba ver la televisión, pues no soportaban a la Princesa del Pueblo (Belén Esteban) quitándoles protagonismo, así que por las tardes se dedicaban a fabricar niños, pues Blancanieves tenía añoranza de los tiempos en que vivía con los siete enanitos. Como ella es bastante egoísta, han tenido nada menos que catorce. Parece ser que alguno de ellos no sea hijo del Príncipe, ya que éste estuvo cinco años encarcelado, por tráfico de influencias, falsedad documental y malversación de fondos públicos, sin derecho a visitas y mucho menos tuvo permiso carcelario durante ese tiempo, ni le fue aplicado nunca el tercer grado.

A la salida de la cárcel y enterado del “marrón”, el príncipe repudió a Blancanieves que ahora vive rejuntada con el conde Lequio. A decir verdad el Príncipe le hubiera perdonado esos deslices, porque la quería, (también, ¡después de tantísimo tiempo juntos! Que otra cosa se podía esperar). Pero lo que de verdad le molestaba a Él, es que no pudiera ponerse la corona en las grandes celebraciones de palacio y en su lugar, para disimular, tuviera que vestir un casco de vikingo.

Casi todos los miembros de la familia se vinieron a vivir a España por aquello del buen clima, la dieta mediterránea y la buena mesa; aparte de que aquí si te cogen con la mano en la caja fuerte, no te pasará absolutamente nada y encima conseguirás más votos si estás metido en la política.

El mayor de todos los hijos, un visionario de las finanzas, se afilió al partido que gobernaba por entonces la Comunidad Valenciana y allí se puso las botas y “no la de siete leguas precisamente” aprovechando la burbuja inmobiliaria, los “pelotazos”, las recalificaciones de los terrenos propiedad del Ayuntamiento y la celebración de grandes eventos deportivos y religiosos.

El tercero, por orden cronológica, en la actualidad anda metido en el tráfico de armas habiendo contrabandeado anteriormente con Gadafi y Hugo Chaves, (el de Venezuela). También en los ratos libres se dedica al blanqueo de dinero negro proveniente de las drogas. Debido a esto tuvo participación activa en el clan de los Charlines y llegó a negociar, con el narcotraficante mejicano Pablo Escobar, la entrada en Europa de grandes cantidades de heroína y cocaína. 

El hijo más mimado de la feliz pareja después de pasear por todo el mundo como un empedernido mujeriego y auténtico playboy se fue a vivir en Andalucía donde ha tenido participación activa en el reparto de los recursos públicos destinados a cursos de formación para los parados y en la adjudicación de los Eres fraudulentos, donde sus empresas se han visto largamente beneficiadas. Ahora está en busca y captura gracias a que su Lamborgini corría mucho más que el Seat Panda de la Policía Nacional que lo perseguía.

De los otros hijos poco sabemos a no ser que algunos de ellos son presidentes y accionistas de grandes bancos y compañías petroleras, hidroeléctricas y de telecomunicaciones. A estos nunca les cortarán el suministro de electricidad o de agua, ni les faltará la gasolina en el coche y se podrían pasar la vida entera hablando por el móvil.

Aunque hay indicios que el más pequeño, ha entrado en la FAES, donde ha compartido pupitre con el pequeño Nicolás durante cuatro años. Parece ser que este chico será el próximo talento a descubrir por la señora Esperanza Aguirre para que lidere la Comunidad de Madrid.

No obstante la ex pareja hace ya muchísimos años que festejaron sus bodas de platino y ahora no sé a qué metal precioso habría que adjudicar el nombre, si un nuevo evento matrimonial sucediera si hicieran las paces. Probablemente esas serían las bodas de Coltán por su inmenso valor económico y estratégico en la fabricación de teléfonos móviles, donde el ex matrimonio  tiene  importantes inversiones para la explotación de dicho metal y de paso la de los trabajadores que lo extrae de las minas del Congo.

Así que han sido y siguen siendo muy felices comiendo, por lo menos, tres veces al día perdices; chuletillas de cordero lechal; cochinillo asado; grandes chuletones de buey; caviar iraní y jamón del bueno, de ese que dicen que su tocino no tiene colesterol. Sin olvidarse de darse buenos atracones del mejor marisco de las costas gallegas, acompañados de buen vino fino o delicioso albariño.  

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martes, 27 de junio de 2017


Felicidad

Eran las seis de una mañana de invierno. A esa hora todavía no había amanecido.

Como cada día esperaba, en la estación de Atocha, a que llegara el tren de cercanías para ir a mi trabajo.

Durante una temporada la vi bajar apresuradamente las escaleras mecánicas con el tiempo justo de subirse al tren.

Quizá por ese motivo no había sido posible que se fijara en mí. Pero yo no perdía la esperanza de que un día pudiéramos coincidir.

Necesité dos semanas para darme cuenta de que, si quería hablar con ella, debía montarme en el vagón que iba delante del mío.

Han pasado varios meses y la primavera envuelve el aire con el perfume de las damas de noche, plantadas en el Paseo del Prado y en el Jardín Botánico próximo a la estación.

Ahora corremos juntos todos los días para no perder el tren, agarrados de la mano.

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miércoles, 19 de abril de 2017


Honras militares

Susana esperaba en el Cementerio Nacional de Arlington la llegada del ataúd que contenía los restos mortales del último marine muerto en Irak.

Mientras tanto su mente no paraba de traerle recuerdos de su vida con el militar.

Susana había esperado durante los años de su matrimonio un poco más de cariño y dulzura por parte de su marido y una mayor dedicación de este en la educación de su hijo, en vez de enrolarse una y otra vez en misiones arriesgadas en tierras que ni le sonaban.

—“¡Es mi deber!”  —le decía, cada vez que se despedían.

«Primero fue la guerra de Bosnia en la antigua Yugoslavia. Después Afganistán… y ahora en Irak, ¡había perdido la vida!». Se lamentaba interiormente Susana. 

La ceremonia del entierro estaba llena de solemnidad. El Secretario de Defensa y otras autoridades civiles y militares arropaban a la viuda que mostraba una entereza fuera de lo común. Ni una sola lágrima había aflorado en sus mejillas en todo aquel tiempo de tensa espera, propio de la ocasión luctuosa.

Después de las salvas de rigor el Coronel Jefe del Batallón inició su semblanza elogiándolo encarecidamente:

Este ejemplar soldado ha muerto en tierras de Faluya en una misión arriesgada hostilizando a los terroristas chiitas, cuando el vehículo que maniobraba volcó siendo aplastado por el mismo.

Sin poderlo evitar, la viuda pensó, «¡Seguramente estaría borracho! ¡Por eso no fue capaz de controlar el blindado!».

La tropa presente permanecía atenta, en posición de respeto, a la plática del coronel:   

Su implicación en las tareas colectivas de la compañía que mandaba, es otro valor añadido a su impecable hoja de servicio.

«¡El desgraciado se implicaba demasiado!», recordó tristemente.  

Seguidamente Susana revivió episodios protagonizados por el militar:

«Un año, en la celebración del cuatro de julio en la Base Militar de Bagran, estaba trompa perdido y casi pierde un ojo cuando estaba tirando cohetes para abrillantar la efeméride. ¡Y encima le condecoraron!».   

La importancia que daba este hombre a los valores del trabajo en equipo   —continuó el coronel— ayudando a los más débiles…

«¡Sería allí! Porque en casa no era capaz ni de limpiarse las botas llenas de barro cuando volvía de las maniobras».  

El trato enérgico, pero correcto —añadió el orador— con sus subordinados…  

«¡Sí, sí!…Pero conmigo siempre la liaba», pensaba apenada la mujer.   

Mezclados con los recuerdos volvía a escuchar las voces airadas del esposo:

«¿Dónde has puesto las llaves del coche? ¡Furcia de mierda!», otras veces la menospreciaba, «¡Eres una inútil! ¡No sabes cuidar ni de tu propio hijo!».

A continuación, el capellán castrense comenzó su elegía embargado por la emoción del momento:

Estamos aquí para encomendar el alma del Capitán Brayden Hart a la presencia de Dios Nuestro Señor, y para honrar su memoria resaltando muy concretamente, los valores morales de nuestro querido capitán.

En ese momento a Susana le asaltó el recuerdo de aquella conversación que mantuvieron su esposo y sus compañeros de cuartel, y que ella escuchó de manera fortuita, cuando celebraban el cumpleaños del Teniente Parker Coleman.

«¿Te acuerdas Brayden, de cómo nos tiramos a aquellas moras la noche que conquistamos Tal Afar?», se vanagloriaba el teniente.

«¡Cómo no voy a acordarme! ¡La hija de puta estaba como un tren!».

«¡Anda, que la que yo me follé, no le iba a la zaga! Menudas tetas tenía la tía», continuó ahondando en la escena el teniente.

«¡Sí, es verdad!  —corroboró el capitán— Pero la cabrona no quería mamarte la polla. Si no hubiera sido por mí, que le agarré la cabeza, te hubieras quedado con la ganas. Estabas demasiado borracho para saber lo que tenías que hacer».

«¡Para con eso! Creo que está llegando tu mujer», cortó la conversación bruscamente el teniente.

Ahora Susana sí tenía ganas de llorar. Pero se contuvo. No le apetecía dar la sensación de que estuviera llorando por él.

Como cierre del sepelio, el Secretario de Defensa inició su discurso diciendo:

Hoy estamos anunciando con orgullo que al difunto le ha sido concedida, a título póstumo, la medalla de honor como reconocimiento a la valentía e intrepidez demostrada por el capitán con riesgo de su propia vida.

Dicha condecoración —continuó el coronel— lleva implícita una recompensa económica, de treinta y cinco mil dólares.

 «¡Esto me va a venir de maravilla!», pensó la viuda, acostumbrada que estaba a hacer cuentas para sostener la economía familiar, ya que la mitad de la paga del héroe se le iba a este en partidas de póker con los compañeros de arma; en copas y en caprichos propios de una persona inmadura.

Años más tarde diferentes medios de comunicación internacionales sacaron a la luz pública, gracias a una denuncia del hermano de una de las mujeres violadas, los desmanes cometidos por miembros de las fuerzas de ocupación americanas en Afganistán.

Por este escándalo le fue retirada la condecoración al capitán Brayden Hart y exigieron, a su viuda la devolución del importe económico que llevaba aparejada la medalla.

Pero esto último no fue posible ya que Susana se declaró insolvente. Hacía tres años que había rehecho su vida casándose con un pacifista miembro de Hare Krishna.  

 

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viernes, 24 de marzo de 2017


EL  MENTIROSO                    

 

El chico es un chulito de playa que durante el verano se dedica a ligar con las chicas que aborda y conquista gracias a su piquito de oro y a su buen aspecto físico.


Aunque no tiene donde caerse muerto, presume de tener un coche de alta gama que nadie ha visto porque dice que lo tiene en el taller reparándolo, ya que las piezas que necesita tienen que traerlas de Alemania y esto aparte de ser carísimo tardan mucho tiempo en llegar, porque son de una fabricación especial echa de encargo.


Así que anda siempre con el coche de la chica que ha engatusado, como si fuera el dueño del mismo y se va a vivir con ella aunque sea por poco tiempo con lo cual no tiene que pagar alquiler.

El dinero que algunas veces maneja lo gasta generosamente con sus colegas y de vez en cuando lo comparte, para agradarla, con la chica de turno que cree haber atrapado en este chico un mirlo blanco.

El chasco que se lleva la joven ilusionada es mayúsculo, cuando éste cansado de la relación física, desaparece de su vida llevándose el televisor y las joyas que ésta tenía en su casa. La mayoría de ellas regalos de su familia.

Durante el invierno, en la ciudad que vive, está atento para descubrir a la chica que podría solucionarle el problema del alojamiento y si esto no es posibles, por lo menos le garantice unas buenas jornadas de sexo placentero.


La chica se volvió para mirar quien le había preguntado si ella era la última de la fila, pregunta que le pareció bastante obvia. No obstante, contestó amablemente que sí.

El joven que así la interpelaba, era un sujeto de porte atlético y aspecto simpático poseedor de una amplia sonrisa que dejaba ver unos dientes muy blancos y bien dispuestos dentro de una boca de labios carnosos y mejor perfilados.

Al verlo la chica pensó:

«¡Caramba, qué guapo!»

He venido para ver si hay alguna oferta para trabajar como contable dijo el chico intentando entablar conversación.

La chica no le respondió de momento, aunque dudaba:

«¡Parece buena persona! ¡Creo que voy a seguirle la conversación! ¡Así se me hará más corto el tiempo de espera!»

El chico insistió:

—¿Sabes que me he puesto en esta cola solo por hablar contigo? Me he atrevido a abordarte porque sé que de aquí no te vas a ir hasta que no te atiendan.  

—Pues yo he venido a sellar mi demanda de empleo. Llevo meses esperando una oferta para trabajar como arquitecto técnico —dijo la chica— pero cogería cualquier trabajo que se me presente. Ahora estoy vendiendo libros de puerta en puerta para ganar algún dinero con el que ayudar a mis padres que están jubilados.

—Pero eso de tratar con el público es un trabajo difícil y a veces poco gratificante.

¡Es verdad! Además es un trabajo mal remunerado. ¡Fíjate! Este mes solo he vendido un diccionario de latín para un vecino que está preparando unas oposiciones para profesor en el Instituto Veritas.

—Bueno, mi nombre es Rafa Ibáñez   —se presentó el chico.

—Yo soy Elena, encantada de conocerte.

—Con la formación que tienes, creo que yo podría ayudarte a encontrar otro trabajo mejor.

El chico continuó: 

—Quiero decirte que no estoy desempleado, he venido a esta Oficina de Empleo a traer los contratos de unos trabajadores que van a entrar en la “Constructora Levanta” para la que trabajo y que va a iniciar un nuevo proyecto de edificación; si ella y el cliente llegan a un acuerdo económico.

—¡Qué guay! Ojalá se concrete, pues supone nuevos puestos de trabajo   —añadió la chica visiblemente contenta.

—¿Qué te parece si me das una copia tu currículum? Y lo dejo en manos del responsable de Recursos Humanos de la empresa —le propuso el chico.

—¡Me parece bien! Te lo agradezco mucho   —respondió la chica ilusionada—   si quieres pasamos por mi casa después de terminar aquí y te doy una copia  —añadió.

                                          

Acabó la chica los trámites para los que había ido hasta la Oficina de Empleo y salieron juntos a la calle. Entonces el chico le dijo:

—He venido hasta aquí en un taxi, pues tengo mi coche en el taller reparándolo. Así que podemos coger otro para ir hasta tu casa.

—¡No! ¡No es necesario! Podemos ir en el mío. Lo tengo aparcado cerca de aquí —sugirió la chica.


Cuando llegaron a su casa, la madre y el hermano de la muchacha, estaban montando el Árbol de Navidad y colocando a Papá Noel en sitio preferente dentro del salón.

El nuevo conocido de la chica, amablemente se ofreció a ayudarles en cuanto ella buscaba ilusionada la copia del currículo pensando que posiblemente esto le abriría las puertas del mercado laboral.

Mientras tanto el chico cada vez que colocaba una bola en él árbol pensaba en la rentabilidad carnal que podría proporcionarle aquel inesperado encuentro.

 

 Habían pasado algunos días de aquel acercamiento cuando sonó el teléfono de Rafa. Por el tono del mismo sabía quién le estaba llamando.

—¡Sí, dime Lolo!

—Oye, tengo un encargo para ti.

—¿De qué se trata?

—Vete preparando porque tendrás que ir a una fiesta. El capo quiere un tío como tú, con mucha labia, para introducir en la discoteca Privilege, los nuevos estupefacientes de diseño entre el colectivo gay.  

—Joder, esa gente no me mola. Cuando se toman unas copas de más o unas pastillas son capaces de meterte mano. Y ya sabes cómo terminamos todos en Comisaria la última vez que estuvimos en un sarao con esa gentuza.

—Pues ya sabes que al jefe no le gustan los tránsfugas.  Así que lo tomas o lo dejas. ¡Pero después no te lamentes si no tienes un céntimo en el bolsillo! Y vas a tener que lamerle el culo a cualquiera de esos maricones que tan poco te gustan.

—¿Y cuándo será esa velada?  

—El próximo sábado.

—Me viene bien. Así tendré libre el domingo. Estoy urdiendo un plan cojonudo con una piba que me encantaría llevarla al huerto. ¿Dónde nos podemos encontrar para que me pases el alijo? 

—Pásate esta tarde por el pub: “The Chandos Arms” y te daré instrucciones.

—¡Oye! ¿Y cuánta pasta ganaré?   

—Si se coloca toda la mercancía, te podrás ganar unos cinco mil pavos. ¡Nada mal para una noche! Y encima podrás divertirte como un enano…¡Ah! ¡Se me olvidaba! Tienes que llevar un antifaz, es la única prenda obligatoria, que piden, para asistir al evento.

—¿Y cómo vamos a meter la droga en el local?

—Bueno, los guardias de seguridad que son de nuestra total confianza, y que te presentaré cuando vayamos al pub, la tendrán custodiada y te dejarán entrar con una riñonera para que durante la fiesta puedas portarla y distribuirla.

—¡Vale! Nos vemos entonces.

—¡Hasta luego!

Apenas acabó la conversación con Lolo; Rafa decidió seguir con su plan y llamó a la chica:  

—Hola Elena, soy Rafa, te llamo para decirte que ya tiene en sus manos tu currículum el Jefe de Personal. Además ya se ha firmado el contrato entre mi Empresa, la Promotora de la Urbanización y los dueños del terreno.

—¡Que buena noticia!

—Sí, por supuesto. ¿Qué te parece si nos vemos el domingo y te doy más detalles?  ¡Oye! Tengo una entrada de cine reservada para ti; no me la irás a despreciar ¿verdad?

—Bueno, pero quiero que me cuentes que le ha parecido mi currículum.   

—Ha echado en falta que no tengas experiencia anterior, pero como me llevo muy bien con él, he insistido haciéndole ver tu buen expediente académico y las prácticas que hiciste en la Constructora de Florentino Pérez. ¡Seguro que te tendrá en cuenta en el proceso de selección! ¿Nos vemos, entonces, a las seis en la puerta del Multicine Yelmo? 

—¡Vale!

Apenas Rafa ha apagado su móvil, le asalta nuevamente el deseo lujurioso del próximo encuentro con la chica, a la que deberá engatusar para conseguir nuevos encuentros, estirando al máximo la expectativa de la chica de conseguir ese trabajo tan deseado.

A media noche se abrieron las puertas del local donde el público impaciente se agolpaba para entrar a la macro discoteca.

Hacía apenas un par de horas que se había iniciado la celebración y algunos participantes ya estaban actuando como si aquella fuera la última noche que habrían de vivir.

Rafa circulaba a sus anchas por todas las pistas de baile trapicheando con sus diferentes alucinógenos de nueva generación. Las ventas iban viento en popa y ya se estaba imaginando el festín que se daría al día siguiente con su presunta nueva víctima.

La juerga continuaba….La música resonaba por todos los rincones del local, y el alcohol corría a raudales. Los “DJS” se esmeraban en la programación de las músicas más cañeras del momento. El sonido reguetón inundaba los sentidos de los bailarines cuyos cerebros se veían golpeados por la vibración de los bafles y por los efectos, que generaban un deseo sexual intenso, de las drogas que habían consumido. 

De repente la música dejó de sonar. Desde la megafonía del local avisaron:

—¡Por favor!¡Presten atención, no se alarmen! ¡Mantengan la calma! ¡No hay ningún problema de atentado ni emergencia! Por motivos de sobreocupación del local la policía va a proceder al desalojo de la Discoteca preventivamente, para evitar posibles tumultos como los que ocurrieron en la pasada fiesta de Halloween.

A la salida, la policía apostada en cada puerta, estaba muy atenta a que todos los asistentes, a la salida, se hubieran despojado de sus máscaras.  

Aquella tarde de domingo Elena aguardaba con ilusión el encuentro con Rafa, ignorante de que el chico había sido detenido por la Brigada de Estupefacientes. El chivatazo anónimo de un mafioso de una banda rival de la de Lolo, había dado pelos y señales del camello que estaba vendiendo la droga en el local. 

…Habían pasado varios días desde el fallido encuentro en el cine. Desencantada de la espera Elena decide ponerse en contacto con la “Empresa Constructora Levanta”:

—Por favor, quisiera hablar con Rafael Ibáñez del Departamento Financiero.

—Un momento por favor; déjeme hacer una comprobación.

…Pasados unos minutos interminables; la voz de la recepcionista le comunicó:

—Lo siento señorita, el señor Rafael Ibáñez nunca ha trabajado en esta empresa.

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jueves, 26 de enero de 2017


Visita anhelada

Se giró al escuchar el grito de una mujer. Esta seguía lentamente a la muchedumbre por la galería de Los Mapas en el Museo Vaticano.

El hombre no consiguió sujetarla a tiempo cuando percibió en su rostro una lividez inusual, propia de una lipotimia.

La mujer no llegó a desplomarse totalmente debido a la cantidad de gente que la rodeaba. Su cuerpo se apoyó inconsciente en el hombro de una chica… 

Aquella mañana no había comenzado muy bien para el reducido grupo de turistas apostados en la puerta de una Agencia de Turismo próxima a la Plaza de San Pedro.

La persona responsable les comunicó que la guía de habla española se encontraba indispuesta.

Pasaron unos minutos interminables. Entonces, para ganar tiempo, un empleado del establecimiento decidió llevarles caminando hasta la entrada del Museo, donde deberían esperar la llegada de otro cicerone.

La temperatura era gélida y el viento racheado les azotaba los rostros, única parte visible de sus cuerpos bien protegidos con chaquetones y capuchas.

Los telediarios matutinos, habían dado la noticia estremecedora de la muerte, en las calles de Roma, de ocho indigentes debido al frio polar que azotaba los países europeos.

De camino hacia la pinacoteca, el grupo observaba con asombro la multitud de personas haciendo, por su cuenta, largas colas para adquirir las entradas.

Llegados al punto de encuentro, vieron con estupor como el intérprete tampoco aparecía por ningún lado. Allí parados el frio se hacía sentir con intensidad. Ni los guantes conseguían impedir el entumecimiento de los dedos.

Durante aquel tiempo de receso los turistas tuvieron oportunidad de conocer, al menos, la procedencia de cada uno.

—¿Y vosotros, de dónde sois? —Preguntó un joven con fuerte acento catalán.

—Nosotros venimos de Brasil   —respondió el acompañante de una chica atractiva.

—¿Y cómo estáis con un grupo de habla hispánica?

—Com las prisas no temos podido encontrar una Agencia que tuviera un guía que hablara portugués. Yo no hablo inglés ni italiano; pero mi marido si entiende el español y ya me explicará lo más interesante  —les aclaró la chica de apariencia retraída.

—¡Pues nosotros somos de Méjico!  —Dijo en tono alegre un señor, alrededor del cual dos jóvenes muchachas sonreían.

—Nos hemos quedado un día más en Roma y cancelar nuestro vuelo de vuelta, con el consiguiente perjuicio económico. Pero no nos perderíamos, por nada del mundo, la visita a la Capilla Sixtina —argumentó su señora que vestía un vistoso “quechquémel”.

—Pues nosotros venimos de Madrid. Ya hemos visto la Basílica de San Pedro, el día de Reyes, pero no pudimos comprar el billete para el Museo y la Capilla, porque ambos estuvieron cerrados —dijo participando en la conversación un señor de mediana edad, acompañado de su mujer y su hija.

A seguir el señor se dirigió al joven brasileño:

—¿De qué ciudad venís?

—De Sao Paulo  —contestaron casi al unísono la joven pareja.

—¡Que coincidencia! Nosotros hemos vivido en Sao Paulo, y mi hija ha nacido allí —comentó el señor visiblemente satisfecho por la noticia.

—Mi padre es italiano. Também emigró para Brasil en el año 1950. Yo tengo un hermano que vive en Roma, es por eso que estamos aquí de visita  —agregó el joven.

—¡Qué bien! Así matáis dos pájaros de un tiro. Visitáis a la familia y aprovecháis para ver estas maravillas —remarcó el chico  catalán. 

En la puerta de entrada al Museo se arremolinaban los que ya tenían el ingreso y los que tenían que adquirirlo, formando un conglomerado humano donde era difícil distinguir al monitor de cada grupo.

Por fin, después de una larga espera, llegó el guía llamado de otra Agencia turística, este traía tras de sí a un nutrido grupo de visitantes. Para más “inri” no llevaba ningún banderín, floripondio o distintivo para hacerlo visible entre tantísima gente.

—¡Buenos días!  —saludó a los congregados—  Mi nombre es Máximo y soy el lazarillo que les acompañará. ¡Síganme, por favor!

El grupo entonces avanzó lentamente por entre las vallas de protección hasta llegar al portal del Museo. En el vestíbulo, le suministraron radioguía con auriculares para poder escuchar las explicaciones del monitor en el idioma pertinente.

El acceso a la Galería Pio Clementino se hizo difícil entre aquella multitud, y más complicado fue seguir al orientador y escuchar sus comentarios.

A veces fue preferible para algunos de los turistas no recrearse en la visión de alguna obra de arte, con tal de no perder de vista al responsable del grupo.  

A duras penas consiguieron llegar hasta el Apolo de Belbedere y hacerse alguna foto para el recuerdo.

Más adelante el monitor advirtió:

—A vuestra izquierda podréis ver el Grupo Escultórico de Laocoonte y sus hijos. Una obra descubierta en 1506 en la Colina de Esquilino. Realizada en mármol blanco por Agesandro, Polidoro y Atenodoro…

La masa humana se agolpaba ante la puerta, no muy ancha, de acceso a las estancias de Rafael. Allí estaban todos completamente parados.

Fue entonces cuando el cicerone les comunicó al grupo que lideraba:

—A causa de los preparativos necesarios para celebrar la Misa que el Papa oficiará mañana, para conmemorar el Bautismo de Jesús, siento comunicarles que la Capilla Sixtina acaba de cerrar sus puertas para las visitas.

En ese momento se escuchó en la Galería el grito desgarrador de una señora vestida con un “quechquémel”, que caía desvanecida en los brazos de su hija.

Una vez que la señora fue atendida por los servicios médicos del Museo, el grupo de turistas que se sintió visiblemente perjudicado, se puso de acuerdo para reclamar a la Agencia de Turismo la devolución del importe del tour contratado con ellos.

Después de una acalorada discusión, consiguieron que les fuera devuelta una parte del importe pagado.

La cantidad de la entrada fijada por el Museo no les fue reembolsada, a pesar de no haber podido completar la visita.

Al día siguiente, después de la misa en la Capilla Sixtina, durante la celebración del Ángelus, el Papa dijo literalmente:

«En estos días de tanto frío, pienso y les invito a pensar en todas las personas que viven por la calle, golpeadas por el frío y tantas veces por la indiferencia. Entretanto algunos no lograron sobrevivir. Recemos por ellos y pidamos al Señor que nos caliente el corazón para poder ayudarlos».

Mientras tanto la gallina de los huevos de oro del Museo Vaticano, continúa dando cuantiosos beneficios a las arcas del Banco Ambrosiano.

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domingo, 15 de enero de 2017

Tenacidad y heroísmo
             

En las reuniones familiares los hombres solemos hablar de las peripecias vividas durante nuestra etapa de soldado. Entonces me llegan recuerdos del servicio militar obligatorio que hice en el Sahara Español.

Mis compañeros de Arma y yo sufrimos los ataques del Frente Polisario, que atentaban contra los yacimientos de fosfato y las instalaciones de empresas españolas.  
En el año 1975, el rey de Marruecos, Hassan II, ordenó la invasión de aquellos territorios.
  
Mientras sucedía el desplazamiento de los integrantes de la “marcha verde” por el desierto, la administración española organizaba la Operación Golondrina, destinada a evacuar a los habitantes de aquella colonia entre los que, por mi situación militar, me encontraba.

Nuestra retirada dejó el campo libre al ejército marroquí que inició una táctica de tierra arrasada contra la población saharaui, incluyendo saqueos de sus hogares y envenenamiento de los pozos de agua.

Millares de mujeres, hombres y niños tuvieron que huir a través del desierto para refugiarse en Argelia.

Han pasado muchos años de aquellos desgraciados acontecimientos.

Desde entonces los saharauis viven en el desierto argelino, en la Hamada de Tinduf, una de las zonas más inhóspitas del mundo, donde no hay apenas electricidad y el agua potable la suministran por medio de camiones cisternas.

Un día, el grupo de amigos que allí estuvimos haciendo la mili, decidimos volver a aquellas tierras para encontrarnos con la realidad del pueblo saharahui y llevarles nuestra ayuda solidaria.

Nos reunimos con Brahím, jefe del consejo local, con Nasrat y Mansur en el campamento de Smara, donde quedamos asombrados de ver cómo habían conseguido sobrevivir en medio de aquel desierto estéril.

Nos recibieron hablando un castellano perfecto. Esperábamos que, después de nuestra salida de aquella colonia y de que hubiesen perdido la nacionalidad española, hablaran la lengua árabe o su dialecto llamado hasanía.

Al abrazarnos afloraron nuestros sentimientos más profundos y les pedimos sinceras disculpas por haberles abandonado a su suerte ante el avance de las tropas marroquíes.


—Ya veis, aquí la vida transcurre en la “haima” y el tiempo pasa lentamente soportando altísimas temperaturas, que contrastan con las lluvias torrenciales que a veces inundan nuestro campamento   —nos explicó el profesor Mansur.

—¡Cómo sentimos esta interminable situación que estáis atravesando! —dije bastante apenado.

—¡No merece la pena reabrir heridas! ¡Cuán equivocados estábamos los que pensábamos que hostigándoos conseguiríamos la independencia de nuestro pueblo! —dijo Mansur, tratando de suavizar la tensión.

—Os estamos muy agradecidos por la ayuda que desde España nos suministráis; pero no queremos vivir de las ayudas, sino de lo que produce nuestra tierra    — apostilló Brahim visiblemente emocionado.

—¡Tenemos una deuda moral con vosotros! Pero qué entereza demostráis llevando adelante, sin recursos, la escolarización de vuestros niños   —comentó nuestro compañero Fabián.

—Aunque desgraciadamente,  —recordó Mansur—  nuestros hijos tienen que abandonar la escuela al terminar el ciclo medio, y marcharse para continuar sus estudios en España, Cuba o Argelia. Muchos de los que aquí están trabajando tienen estudios superiores y ayudan a la comunidad en materia educativa y sanitaria.

—Sí, no podemos olvidarnos de que muchas de nuestras mujeres sufren de anemia y un tercio de los niños de desnutrición crónica   —apostilló el doctor Nasrat.

—De cualquier manera tiene un mérito extraordinario que hayáis podido construir, en medio de la nada, los pilares básicos de un Estado, Brahím  —insistí tratando de estimularles.

—Eso lo tenemos que agradecer a nuestras mujeres; ellas levantaron estos asentamientos y crearon su estructura administrativa mientras los hombres luchábamos contra las tropas marroquíes   — nos aclaró él orgulloso.

—Pero la lucha continúa  —exclamó Mansur—  ,mañana iremos a un desfile para reivindicar nuestro derecho de autodeterminación.

Al día siguiente, emplazados delante de la alambrada que separa el campo de refugiados del territorio ocupado, coreábamos las consignas en favor de la independencia.

Los ánimos se caldearon y un grupo de jóvenes arrancó parte de la valla, por donde penetraron en el suelo de su patria.

Brahím, brazos en alto, delante de la alambrada rota trataba de detener a aquella multitud enardecida. Un disparo le segó la vida al tiempo que una mina estallaba, arrancándole las piernas a un chaval de diecinueve años que había traspasado la barrera.
               
Todos huimos de allí despavoridos. Al anochecer cesaron los disparos y conseguimos recoger el cuerpo sin vida de Brahím. En sus manos, sostenía una revista donde podían leerse los versos del poeta Bahia Awah que comienza así:
Yo tengo un sueño. ¡Ese día de paz! (…)

El gobierno marroquí emitió un comunicado oficial afirmando que se habían efectuado disparos contra los militares, y que estos habían respondido convenientemente contra los manifestantes.


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